La Santísima Trinidad del 19 de marzo: sepia, Varón Dandy y amnesia selectiva
Hoy, 19 de marzo, las redes sociales han decidido transformarse en un mausoleo digital con filtro vintage. Es ese día mágico en el que la línea temporal de Instagram se llena de señores de setenta años rindiendo culto a fotos pixeladas (o color sepia directamente) de padres que llevan treinta inviernos criando malvas.
Es una coreografía fascinante. El ritual consiste en subir una imagen del progenitor —preferiblemente una donde luzca un bigote castrense y una mirada de haber sobrevivido a tres posguerras sin parpadear— acompañada de un texto lírico sobre los «valores» y el «legado».
El bofetón pedagógico
Lo más tierno de este fenómeno es la amnesia selectiva. Esos hijos, que ya peinan canas y sufren de la próstata, recuerdan con una pasión febril aquellas «hostias como panes» que recibían en los años 60. Según el canon de hoy, aquellos sopapos no eran maltrato, sino «lecciones de vida» envueltas en un guante de crin. «Me pegaba por mi bien», escriben desde su iPad, olvidando convenientemente que la pedagogía del cinturón de cuero es la razón por la que hoy gastan 80 euros al mes en terapia.
El ahorro como forma de duelo
Hay que reconocerle al padre fallecido una ventaja competitiva imbatible: el ahorro. Nada rinde mejor en la economía doméstica que un padre que ya no está.
• Coste del regalo: 0 €.
• Beneficio emocional: 100 puntos de nostalgia pública.
Eso sí, para mantener la tradición del desprecio pasivo-agresivo, algunos hijos —en un alarde de humor negro o simple inercia— parecen dedicarle mentalmente el mismo set de afeitado de marca blanca que le regalaron en 1993. Un estuche de Floïd o Varón Dandy que se quedó cogiendo polvo en el estante del baño y que hoy sobrevive en el recuerdo como el aroma oficial de la autoridad incontestable.

La venganza del algoritmo
Al final, el día del padre se ha convertido en una competición por ver quién tuvo el padre más autoritario pero «noble», mientras los hijos de hoy, esos de 70, se dan palmaditas en la espalda digitales. Es la victoria póstuma del patriarcado de piedra: no tienes que estar vivo para que tus hijos te sigan rindiendo pleitesía, basta con haber dado los suficientes gritos en vida para que el eco dure tres décadas después de la extremaunción.
Feliz día a todos esos padres que, desde el más allá, se están ahorrando el suéter de pico que nunca se iban a poner.








