20Mar

El silencio del carpintero: Memorias de un reloj de madera y un amor «desinteresado».

In Para reir by Pepógrafo / 20/03/2026 / 7 Comments
foto de mi padre vestido de guapo
Mi padre se llamaba Eduardo.

La herencia de un carpintero: Más allá de San José.

Mi padre era carpintero, como San José. De San José no se conoce ningún mueble digno de mención, ni siquiera consta que fuera hábil con el torno o maestro con la gubia. De mi padre, sin embargo, quedan muestras de sus trabajos en muchos lugares. Piezas únicas; como un reloj de madera, que funciona, y del que dejo la prueba gráfica aquí.

El reloj de madera de principios del siglo XX: Una obra de Eduardo Hidalgo Marcos

Reloj de madera tallado a mano principios siglo XX - Obra de Eduardo Hidalgo Marcos
Reloj de madera principios siglo XX. Obra Eduardo Hidalgo Marcos, museo de mi casa

Era un hombre de pocas palabras en casa y muchas fuera de ella. Sería por la censura de su señora esposa, mi madre, digo yo.

El enigma del silencio: Entre Clark Gable y Dalí.

Aquel hombre que puedo ser Carlos Gardel, por su voz profunda; Clark Gable, por sus orejas; Rodolfo Valentino, por sus patillas o el mismísimo Dalí por su ojos grises, decidió renunciar a todo eso, se hizo carpintero y se casó con mi madre, pero eso es para otro post.

De san José no se conoce palabra y de mi padre tampoco muchas. Algún no a mis peticiones de «papa me dejas el coche» o algún toma hijo, mientras me daba un silbato de hojalata, su forma de no tener que mostrarme su cariño con palabras.

Una dedicatoria de los años 30: ¿Qué es el «cariño desinteresado»?

Alguna vez me pregunté cuál sería la razón de sus silencios y creo que la encontré en una fotografía dedicada que le propinó su novia, luego su mujer, y luego mi madre, allá por los años 30.

La secuencia es la siguiente: él le manda a su novia una foto con elegancia y sombrero en la que escribe: «A mi único amor con todo cariño, tu Edu«. Y ella, su futura esposa, le contesta con otra fotografía en la que mira al infinito y le dedica: «Con cariño desinteresado de tu Elita«.

Normal. Si alguien dice que te profesa un cariño desinteresado, es como para quedarse frío y mudo. Supongo que hace falta más de una vida para entender eso; y entiendo que pensar en ello todos los días, acabase con las ganas de hablar de cualquiera.

No sé si mi conclusión es real porque, naturalmente, mi padre nunca me lo contó.

el cariño desinteresado
19Mar

La Santísima Trinidad del 19 de marzo: sepia, Varón Dandy y amnesia selectiva

In Para reir by Pepógrafo / 19/03/2026 / No Comments

Hoy, 19 de marzo, las redes sociales han decidido transformarse en un mausoleo digital con filtro vintage. Es ese día mágico en el que la línea temporal de Instagram se llena de señores de setenta años rindiendo culto a fotos pixeladas (o color sepia directamente) de padres que llevan treinta inviernos criando malvas.

Es una coreografía fascinante. El ritual consiste en subir una imagen del progenitor —preferiblemente una donde luzca un bigote castrense y una mirada de haber sobrevivido a tres posguerras sin parpadear— acompañada de un texto lírico sobre los «valores» y el «legado».

El bofetón pedagógico

Lo más tierno de este fenómeno es la amnesia selectiva. Esos hijos, que ya peinan canas y sufren de la próstata, recuerdan con una pasión febril aquellas «hostias como panes» que recibían en los años 60. Según el canon de hoy, aquellos sopapos no eran maltrato, sino «lecciones de vida» envueltas en un guante de crin. «Me pegaba por mi bien», escriben desde su iPad, olvidando convenientemente que la pedagogía del cinturón de cuero es la razón por la que hoy gastan 80 euros al mes en terapia.

El ahorro como forma de duelo

Hay que reconocerle al padre fallecido una ventaja competitiva imbatible: el ahorro. Nada rinde mejor en la economía doméstica que un padre que ya no está.

Coste del regalo: 0 €.

Beneficio emocional: 100 puntos de nostalgia pública.

Eso sí, para mantener la tradición del desprecio pasivo-agresivo, algunos hijos —en un alarde de humor negro o simple inercia— parecen dedicarle mentalmente el mismo set de afeitado de marca blanca que le regalaron en 1993. Un estuche de Floïd o Varón Dandy que se quedó cogiendo polvo en el estante del baño y que hoy sobrevive en el recuerdo como el aroma oficial de la autoridad incontestable.

mi padre, no el de la foto, fue un buen hombre con quien no tuve la suerte de ejercer de hijo, en aquello años no se estilaba eso

La venganza del algoritmo

Al final, el día del padre se ha convertido en una competición por ver quién tuvo el padre más autoritario pero «noble», mientras los hijos de hoy, esos de 70, se dan palmaditas en la espalda digitales. Es la victoria póstuma del patriarcado de piedra: no tienes que estar vivo para que tus hijos te sigan rindiendo pleitesía, basta con haber dado los suficientes gritos en vida para que el eco dure tres décadas después de la extremaunción.

Feliz día a todos esos padres que, desde el más allá, se están ahorrando el suéter de pico que nunca se iban a poner.

09Mar

La caridad de los enterradores

In Para reir by Pepógrafo / 09/03/2026 / No Comments

Hay una forma de cortesía que no es más que homicidio involuntario con una sonrisa. Es esa amabilidad de escaparate, de gente que se cree que el Código de Circulación es una sugerencia del Papa y no un manual de supervivencia para primates motorizados.

Hablo del «saludador post-atropello». Ese espécimen que te pasa a tres centímetros de la pelvis en un paso de cebra, pero que tiene el detalle infinito de levantarte la manita a modo de disculpa. ¡Oh, gracias, alma cándida! Casi me conviertes en una mancha de grasa sobre el asfalto, pero ese gesto con la palma de la mano —esa vibración de dedos de quien pide perdón por no haber frenado— es justo lo que necesitaba para que se me soldara el fémur por arte de magia. Es la disculpa como bula papal para el asesinato. «Te ha rozado la muerte, pero te he sonreído, así que estamos en paz». Pues no, cacho carne con volante: guarda tu manita y pon el pie en el freno, que mi seguro no acepta «saluditos» como parte de pago.

El «cededero» o el cooperante del desastre

Luego están los mártires de la preferencia. Esos conductores que, poseídos por un ataque de mística cristiana en mitad de un cruce, deciden que las normas son para los vulgares y que ellos están ahí para repartir gracia divina.

La jugada maestra: El tipo tiene preferencia, pero frena en seco para dejarte pasar a ti, que no la tienes.

El resultado: Tú, pobre incauto, te fías de su «bondad». Avanzas con el corazón henchido de gratitud… y entonces el coche del carril de al lado, que sí se sabe el reglamento y no tiene vocación de santo, te embiste de costado y te manda al desguace.

Ese conductor «amable» se irá a casa pensando en lo buena persona que es, mientras tú esperas a la ambulancia con el coche hecho un acordeón. Es un filantropismo de carnicería. El amable se queda con la conciencia limpia y tú con el latigazo cervical.

El peatón «doy mi vida por tu motor»

Y no nos olvidemos de la otra cara de la moneda: el peatón mártir. Ese ciudadano ejemplar que, plantado frente a un paso de cebra con su derecho constitucional a cruzar, decide que hoy es un buen día para ejercer la caridad cristiana con el coche que se aproxima.

Ahí lo tienes, haciendo aspavientos con la mano, indicándole al conductor que pase él, que no se preocupe, que su tiempo vale más que mis dos piernas. ¡Qué nobleza! El conductor, confundido por semejante despliegue de generosidad, duda, frena, arranca, vuelve a frenar… y mientras tanto, se monta una retención que llega hasta la plaza Mayor.

Ilustración satírica de un conductor sonriente saludando con la mano mientras casi atropella a un peatón en un paso de cebra, con el título '¡La cortesía que te mata!' y manos esqueléticas saliendo del asfalto."

El drama del «pase usted»: El peatón insiste, el conductor arranca por fin, y en ese preciso instante, un motorista que venía filtrándose entre coches —confiado en que el paso de cebra estaba libre porque el peatón «cedía»— se encuentra con el capó del coche que acaba de reanudar la marcha.

Resultado: Un festival de chatarra y un motorista volando por los aires, todo gracias a la «amabilidad» del señor de la acera.

Ese peatón se queda ahí, con su bolsa del pan y su superioridad moral, pensando: «Qué educado he sido». No, capullo, no ha sido usted educado, ha sido usted un agente del caos. Ha convertido una regla matemática y clara —peatón cruza, coche para— en una partida de mus donde nadie sabe quién tiene la mano.

La cortesía es el nuevo analfabetismo

Si el reglamento dice que cruces, cruza. No me obligues a adivinar tus intenciones filosóficas mientras manejo tonelada y media de hierro. Tu «amabilidad» rompe el ritmo del mundo, confunde al que viene detrás y prepara el escenario para un funeral que nadie ha pedido.

Si quieres ser bueno, cómprale flores a tu pareja o hazte donante de órganos —que a este paso, te va a hacer falta—, pero cuando llegues a la calzada, deja de jugar a ser el anfitrión de la calle. Menos gestitos de «pase usted, faltaría más» y más cumplir con lo que toca, que la educación no consiste en saltarse las normas, sino en no obligar a los demás a recoger tus pedazos con una pala.

02Mar

El misterio de la «talla única» (o cómo fui devorado por una gorra)

In Para reir by Pepógrafo / 02/03/2026 / No Comments

Hay conceptos comerciales que tienen más de literatura fantástica que de logística textil. El término «talla única» es, sin duda, el más audaz de todos. Es una promesa de universalidad que, en la práctica, suele comportarse como un agujero negro con visera.

Hace días, paseando el sol sobre mi cabeza, paré delante de Sombrerería Lópeces. Casa fundada en 1912. Recordé aquel magnífico anuncio de la posguerra de otra afamada tienda del ramo que decía. «Los rojos no llevaban sombrero«. Y como quiera que mi cabeza iba tomando ese color sucumbí al reclamo de una gorra. En la etiqueta, dos palabras dictaban mi destino: talla única. Al probármela, no experimenté el ajuste perfecto de la ingeniería moderna; lo que viví fue una abducción en toda regla. Mi cabeza no entró en la gorra; la gorra decidió anexionarse mi cráneo.


La anatomía de una desaparición

Lo que empezó como un simple gesto estético terminó en un rescate de emergencia. El «remolino» de tela se puso a trabajar con una eficacia aterradora:

  • Fase 1 (La Inmersión): Mis orejas desaparecieron bajo el borde, dejando el mundo en un silencio sepulcral de algodón.
  • Fase 2 (El Eclipse): Los ojos fueron los siguientes. De repente, mi horizonte se redujo a la trama del tejido interior.
  • Fase 3 (La Anexión Nasal): Cuando la visera ya descansaba sobre mi labio superior, comprendí que la gorra no me estaba vistiendo: me estaba digiriendo.

¿Es el mundo gigante o soy yo un alfiler?

Ante tal despliegue de amplitud, uno se ve obligado a plantearse la gran duda existencial del consumidor: ¿Significa «talla única» que es válida para todas las cabezas del planeta —desde un recién nacido hasta el gigante extremehttps://pepografo.com/gallery/extremadura/ño— o es que mi cabeza ha sido bendecida con la envergadura de un alfiler?

«La talla única es esa democracia textil donde todos somos iguales, pero algunos somos más invisibles que otros.»

Si la gorra es capaz de albergar mi identidad completa, incluyendo tabique y cartílago auricular, quizá no estemos ante una prenda, sino ante una solución habitacional. Es posible que el fabricante no venda accesorios, sino refugios de lona para quienes desean, simplemente, desaparecer del mapa un rato.

Mañana volveré a la tienda. No a devolverla, sino a preguntar si el modelo incluye ventanas o, por lo menos, un periscopio. Porque si el futuro es de talla única, más nos vale que nos crezca la autoestima, porque la cabeza ya no se nos va a ver.

12Feb

Gran Consulta Nacional: ¿Cuánto vale su paz mental?

In Para reir by Pepógrafo / 12/02/2026 / 5 Comments

lea y sufra

Estimado lector de www.pepografo.com,

Sabemos que abrir nuestros correos es, para usted, el equivalente digital a que se le caiga un helado en el zapato: una decepción inevitable que ocurre con una frecuencia alarmante. Porque somos conscientes de que nuestra prosa tiene la ligereza de un yunque y la alegría de un funeral en martes, queremos darle la oportunidad de su vida.

¿Cuánto pagaría usted por no volver a leer una sola palabra de pepografo?

Por favor, elija la opción que mejor se adapte a su desesperación:

OpciónCosto EstimadoBeneficio Directo
Plan «Ojos que no ven»5€ al mesBloqueamos su IP para que, aunque intente entrar en un momento de debilidad, la web le insulte y se cierre.
Plan «Exorcismo Literario»50€ (pago único)Borramos su rastro de la base de datos y enviamos a un becario a pedirle perdón personalmente desde la acera de enfrente.
Plan «Tierra Quemada»Donación de un riñónCerramos la web para siempre. Usted se convierte en el héroe de la humanidad y nosotros nos dedicamos a la cría de caracoles.
Plan «Masoquista Premium»GratisSigo recibiendo los textos, pero me quejo amargamente en los comentarios para sentir que todavía tengo control sobre mi vida.

Exportar a Hojas de cálculo


Preguntas adicionales para el análisis psicopatológico:

  1. ¿Cuál es el síntoma físico más común que experimenta al leer un texto nuestro?
    • [ ] Tic nervioso en el párpado izquierdo.
    • [ ] Nostalgia de cuando era analfabeto.
    • [ ] Un deseo irreprimible de donar su dispositivo móvil a una causa perdida.
    • [ ] Sueño profundo (Efecto Sedante Pepógrafo™).
  2. Si decidiéramos dejar de escribir, ¿en qué emplearía el tiempo que le ahorramos?
    • [ ] En mirar fijamente una pared blanca (es más estimulante).
    • [ ] En leer las etiquetas de los botes de champú.
    • [ ] En buscar a Pepógrafo por la calle para darle un abrazo… o una leche

Nota legal: El pago de estas cuotas no garantiza que pepografo no aparezca en sus sueños o en las notas al pie de su factura de la luz. La mediocridad, como el mal olor, es difícil de erradicar por completo

11Feb

El «Abre Fácil»: La mayor estafa desde el Caballo de Troya

El hombre hizo el fuego con dos palos , ha llegado a la Luna, creó el botijo, la boina y el sacacorchos . Pero, en pleno siglo XXI, sigue siendo derrotado humillantemente por un paquete de mortadela. El término «abre fácil» es la mayor contradicción de la historia, una broma pesada por la los ingenieros se descojonan de risa mientras brindan con latas que, seguramente, ellos sí saben abrir.

1. La mortadela y el sacrificio de uñas

Esa esquina que dice «tire aquí» es una trampa para incautos. Lo intentas con delicadeza, luego con violencia, y al final acabas usando los dientes como un neandertal frente a un mamut. El resultado es siempre el mismo: el plástico se rompe en tiritas y tú te quedas con una uña menos, un odio profundo hacia la charcutería del Mercadona y más hambre.

2. El Pack de Cervezas: El búnker de plástico

Atención especial merece el retractilado del pack de latas. Ese plástico transparente está diseñado por la NASA para resistir la reentrada en la atmósfera. Te rompes los dedos intentando perforar la superficie, te luxas la falange buscando un hueco y, cuando por fin sacas una cerveza, la lata está abollada como pateada por una docena de niños en el descampado de Manolito Gafotas

3. La gran conspiración del fisioterapeuta

Llegados a este punto, tengo una teoría terraplanista que lo explica todo: los fabricantes de envases no son torpes, son socios de una logia secreta.

¿Por qué el bote de champú requiere la fuerza de Hércules para abrirse con las manos mojadas ? ¿Por qué la lata de mejillones es una tómbola de cortes y aceite ? La respuesta es clara: el cártel de los fisioterapeutas. Por cada muñeca luxada y cada tendinitis causada por un «abre fácil», un «fisio» recibe un paciente. Es un negocio perfecto: ellos diseñan el problema y tú pagas la rehabilitación.

imagenes del caballo de Troya

4. Conclusión: El fin de la especie

Si mañana los extraterrestres nos invaden y su única exigencia fuera que abriéramos un paquete de salchichas sin usar un cuchillo de sierra, moriríamos en diez minutos.

A quien corresponda: menos «abre fácil» y más «abre de verdad», que ya tengo una edad para andar peleándome con el plástico de la mortadela.

08Feb

El doctor es ahora el profesor sustituto (y yo he suspendido anatomía)

Antiguamente, ir al médico era una actividad mística. Entrabas en la consulta de don Paco, que olía a alcohol y a enciclopedia vieja, el doctor te miraba el fondo de la garganta con un palo de helado (sin helado, una tragedia), te recetaba con una letra que solo entendía un farmacéutico con poderes psíquicos y te ibas a casa con la fe del carbonero. Tú no sabías qué tenías, pero él sí, y con eso bastaba.

Hoy, sin embargo, los médicos han decidido que, además de curarte, tienes que hacer como mínimo la FP de medicina antes de salir de la consulta.

De la mancha al esquema en 3D

Entras por un dolor en la rabadilla y, antes de que puedas decir «ay», el doctor ya ha girado la pantalla del ordenador.

  • El médico: «Fíjese en esta zona hiperdensa que orbita cerca de la L5».
  • Tú: «Doctor, eso parece el mapa de una tormenta en Badajoz».
  • El médico: «No, no. Eso es su disco pidiendo la jubilación anticipada. Mire este gráfico interactivo sobre cómo la pastilla que le voy a dar va a negociar con sus enzimas hepáticas un tratado de paz no agresión».

Y piensas pero callas: «¡Pero bueno! Que yo he venido a que me quites el pinchazo, no a que me expliques la microeconomía de mi hígado».

La pedagogía del terror (visual)

Antes ibas «de Pascuas a Ramos«. Ahora vas una vez y sales con deberes. Te enseñan la radiografía del menisco y el médico se empeña en que veas «el desgaste». Te señala una mancha blanca que podría ser un ligamento o el fantasma de Cánovas del Castillo, y tú asientes con cara de intensidad pedagógica porque te da vergüenza admitir que lo único que ves es un borrón que se parece a las caras de Belméz.

«Doctor, de verdad, no me cuente lo que me va a cortar. Si me lo cuenta, me da tiempo a imaginarlo, y mi imaginación es mucho más macabra que su bisturí».

La hipófisis y su drama existencial

Lo peor es cuando se ponen poéticos con la terminología. Te dan una clase magistral sobre la hipófisis, esa glándula que tiene nombre de tía solterona que vive en un pueblo de Teruel. Te explican su «tristeza» funcional y cómo coordina tus hormonas como si fuera la directora de una orquesta sinfónica en horas bajas.

Al final, sales de la consulta sabiendo:

  1. Que tu cuerpo es una red ferroviaria al borde del colapso.
  2. Que tu fémur tiene una arquitectura gótica envidiable.
  3. Pero te sigue doliendo la espalda igual que cuando entraste.

Señores doctores, por favor, menos PowerPoints y más «mano de santo». Que yo para suspender anatomía ya tuve los dieciséis años; ahora solo quiero que me arreglen los huesos para llegar dignamente a la hora de la caña. Menos pedagogía y más geografía: señáleme dónde está el bar y olvídese de explicarme el drama existencial de mi páncreas.

01Feb

La agenda de un ministro en el cuerpo de un niño de diez años

Hoy en día, si un niño no sabe chino mandarín, no programa «Apis» mientras hace el pino en clases de mindfulness y no domina el violonchelo subacuático, básicamente está destinado al fracaso social. Hemos convertido la infancia en una oposición permanente. Los parques están vacíos porque los niños están en centros culturales, sudando en tatamis de judo o aprendiendo a decir «tengo ansiedad» en tres idiomas distintos.

Es de aurora boreal. Los padres de ahora no tienen hijos, tienen fondos de inversión. El lunes toca robótica, el martes violín y el miércoles «refuerzo emocional», que supongo que es donde les enseñan a no odiar a sus padres por apuntarlos a tantas porquerías. Es una esclavitud consentida donde el látigo ha sido sustituido por una suscripción mensual y una equipación oficial de la marca de moda.

fachada de una tienda de comestibles y bebidasDe la Casera al neuro-emprendimiento: la infancia como campo de concentración extraescolar

Mi «Máster» en Logística de Barrio

En mi época, la única actividad extraescolar que conocíamos era la supervivencia urbana del ultramarinos Angelita. Mi madre, esa gran gestora de recursos humanos, no necesitaba aplicaciones de seguimiento ni horarios plastificados en la nevera. El plan de estudios era sencillo y directo:

  1. Llegada al centro de alto rendimiento (mi casa): Soltar la cartera (que pesaba como un saco de cemento, pero sin ruedas, para forjar el carácter).
  2. Dopaje reglamentario: Un trozo de pan con chocolate. Y no era cacao orgánico de comercio justo, no. Era chocolate de ese que si te descuidas te rompe un diente.
  3. Misión diplomática: «Niño, toma un duro y vete a por la Casera«.

Esa era mi extraescolar. logística y suministros. Nada de GPS; si me perdía, era mi problema. Nada de «trabajo en equipo»; era yo contra la señora de la tienda que siempre intentaba darme el cambio mal. Aprendí más sobre economía real y sobre la liga de futbol, las botellas traían cromos de futbolistas, pesando el casco de la botella retornable que lo que aprenderán estas pobres criaturitas en sus clases de «Emprendimiento para mini-líderes».


La Gran Diferencia

  • Antes: Nuestra mayor preocupación era que no se nos acabara el pan antes de llegar a Ultramarinos y Coloniales Angelita .
  • Ahora: Su mayor preocupación es que el algoritmo de la clase de ajedrez no les penalice el ranking.

Estamos criando una generación de niños que saben interpretar una partitura de Mozart pero que, si les das una moneda y los mandas a por una gaseosa, probablemente intenten pagar con un código QR o sufran un ataque de pánico por falta de supervisión adulta.

«Y dudo si los apuntan a todo esto por su futuro o simplemente para que no estén en casa recordándoles que ellos también han olvidado cómo se juega.»

29Ene

El club de los ángeles de la guarda: por favor idos al carajo (no es nada personal)

In Para reir by Pepógrafo / 29/01/2026 / No Comments

En la escala de gente que sobra en este mundo, justo entre los que no recogen las cacas de su perro y los que envían audios de diez minutos, están ellos: Los Protectores de la moral ajena. Esos seres de luz que deciden que tu cerebro es de plastilina y que, si te cuentan la verdad, vas a implosionar como una estrella vieja.
Su frase de cabecera es: “No te dije nada por no disgustarte”.
Traducción real: “Soy un capullo que no quiere sufrir con tu problema, así que prefiero que vivas en la burbuja de tu estupidez mientras yo me siento como el Dalai Lama de tu ignorancia”.

El Top 3 de la censura «piadosa»


1. La cornamenta de diseño: Sabes que mi pareja se está viendo con «un amigo» en la churrería «La porra de oro», pero no me dices nada porque «bastante estrés tengo ya en el trabajo». ¡Gracias, de verdad! Nada como ser el último en enterarse de que mi vida sentimental es un capítulo de Infieles mientras tú te pides otra caña viéndome comer buñuelos con cara de tonto.


2. El despido sorpresa: En recursos humanos están imprimiendo mi carta de despido y tú, que lo sabes, me dejas que me compre una freidora de aire a plazos. «No quería amargarte la cena». Pues nada, ahora tengo una freidora de 200 euros y ninguna nómina para pagar las patatas. Un plan sin fisuras.


3. El drama del jardinero municipal: He suspendido las oposiciones para podar los geranios del ayuntamiento. Tú lo has visto en el tablón, pero te lo callas porque «me hacía mucha ilusión». Gracias, ahora he pasado tres días celebrando un éxito inexistente y comprándome unas tijeras de podar profesionales. La hostia es doble, genio.

La superioridad del «no saber»


Estos personajes se creen que tienen el mando a distancia de tus emociones. Se guardan que tienes un herpes zóster galopante en la espalda («pensé que eran granitos del sudor, no quería que te rayaras») o que ese bulto en el motor de tu coche suena a biela rota.
Queridos protectores: No sois héroes. Dejad de filtrar mi desgracia . Si me van a echar, si me están engañando o si mi carrera como jardinero público ha muerto antes de nacer, quiero saberlo ya. Prefiero una verdad que me parta la cara a una mentira que me acaricie el lomo.

Herramientas para que no te la den con queso


Si no quieres depender de la «caridad informativa» de tus amigos, aquí tienes donde mirar tú mismo:
BOE (y boletines autonómicos): Para que no te oculten que has suspendido la oposición de tu vida. Ver BOE
• InfoJobs: Por si tu «protector» no te cuenta que tu oficina cierra mañana.

Nota para el «ángel«: La próxima vez que te guardes una información que me incumbe para «protegerme», hazme un favor extra: protégete tú de mi mala leche y vete a cascarla. Sin avisar, para que no te dé el disgusto.

09Dic

La madre del monstruo: manual para quedar por encima (aunque sea en el infierno)

In Para reir by Pepógrafo / 09/12/2025 / 1 Comment

El otro día, mi amigo Paco —esa fuente inagotable de antropología casera— me contó una fábula doméstica que ríete tú de las tragedias griegas o de los aranceles de Trump. La historia va de dos hermanos y de una patología muy nuestra, muy ibérica y muy humana: la incontinencia jerárquica. O dicho finamente: la necesidad fisiológica de quedar siempre por encima, aunque sea haciendo el ridículo.

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