25Ago

La libertad cuesta un euro (y no hace falta enseñar las tetas)

In Para reir by Pepógrafo / 25/08/2026 / No Comments

Mi hermana está en coma. Ayer escuché una conversación que, de haber podido oírla, estoy seguro de que la habría despertado. No por sus propiedades terapéuticas, sino por la indignación. La mala leche produce efectos que la medicina todavía no ha investigado suficientemente.

Mi hermana estudió Medicina en los años sesenta, cuando en la facultad había pocas mujeres y muchos hombres convencidos de que aquello era una anomalía hormonal. Llevaba minifalda, fumaba Bisonte, no iba a misa y siguió estudiando hasta ejercer durante cuarenta años como médica.

Foto de mi hermana eñ 1985

Yo era un crío y no entendía que aquella mujer estaba practicando la libertad antes de que la libertad apareciera en los anuncios. Para mí era mi hermana, la que sabía dónde estaban las medicinas y podía mandarte a la mierda con diagnóstico clínico.

Ayer escuché hablar a dos mujeres de más de cuarenta años. Una de ellas contaba un pequeño incidente automovilístico. Había cogido el coche de su marido y, durante el trayecto, se encendió una luz en el salpicadero.

Era una situación grave. Hasta entonces, la única luz que encendía en el coche era la del intermitente. Y solo el derecho. El izquierdo debía de pertenecer a otro modelo.

Llamó al marido para preguntarle qué significaba aquel aviso. Él le explicó que probablemente faltara presión en una rueda y le aconsejó que fuera a una gasolinera y se hiciera la tonta.

Literalmente:

Ve a una gasolinera y hazte la tonta

Una estrategia mecánica recogida seguramente en el manual de mantenimiento del vehículo, entre el cambio de aceite y la revisión de los frenos.

La mujer se dirigió a la gasolinera dispuesta a seguir las instrucciones. Contó que, si hacía falta, le enseñaría una teta al operario con tal de que le arreglara la avería. No aclaró cuál de las dos. Supongo que dependería de la rueda afectada.

Para su desgracia, al llegar descubrió que el gasolinero no era gasolinero, sino gasolinera: una mujer con cara de pocos amigos y ninguna disposición conocida a dejarse sobornar por una mama.

Le explicó lo de la lucecita, las ruedas, el coche de su marido y, posiblemente, la inexistencia del intermitente izquierdo.

La empleada la escuchó y dijo:

—Le falta presión. Vaya al poste del aire, eche un euro e infle las ruedas.

No le infló los neumáticos, no aceptó el soborno y tampoco llamó a un hombre. Le indicó dónde estaba la máquina y dejó que se enfrentara personalmente a la alta tecnología del aire comprimido.

La mujer echó el euro e infló las ruedas. Sola. Sin enseñar nada. Ni siquiera el permiso de conducir.

Cuando volvió a casa, el marido le riñó porque había utilizado su coche «para pasearse». El vehículo debía de ser una pieza de museo, un objeto de culto reservado para desplazamientos trascendentales, como acudir al notario, invadir Portugal o llevar al propietario a tomar una cerveza.

Renault 4,4 de los años 50 eñ caceres


Ahí terminó la narración y comenzó mi perplejidad.

Mi hermana estudió Medicina en los años sesenta, rodeada de batas masculinas, curas, prejuicios y humo de Bisonte. Cuarenta años después, una mujer estaba dispuesta a enseñar las tetas para no tener que inflar una rueda y aceptaba que su marido la regañara por utilizar el coche.

Puede que no hayamos retrocedido. Tal vez nunca avanzamos tanto como creíamos. Cambiamos la minifalda por el pantalón, el Bisonte por el vapeador y la prohibición por una dependencia voluntaria mucho más cómoda.

Mi hermana está ahora inmóvil en una cama, pero su vida entera continúa diciendo lo contrario: estudia, aprende, trabaja, no te hagas la tonta y no pidas permiso para conducir tu propio destino.

La solución estaba en la gasolinera. La libertad costaba un euro y se encontraba junto al poste del aire.

Solo había que bajarse del coche e inflarla.

17Ago

La insoportable tranquilidad de tener razón

In Para reir by Pepógrafo / 17/08/2026 / No Comments

En los últimos tiempos encuentro cada vez más gente convencida. Convencida de verdad. Personas cuyas hondísimas creencias hacen imposible cualquier conversación que no vaya encaminada a confirmar lo que ya pensaban antes de empezarla.

Yo, que soy de formación clásica —bueno, vieja—, crecí pensando que la duda formaba parte de la inteligencia. Que uno podía tener una opinión y, aun así, conservar la extravagante posibilidad de estar equivocado. Ahora no. Ahora dudar es de flojos. El personal tiene certezas.

Cuestión de fe

Mi amigo Jesús, por ejemplo, tiene que rezar todas las tardes, a las seis en punto, un avemaría en honor a la UGT. No sé si en el sindicato están al corriente de esta nueva advocación mariana, pero tampoco me atrevo a preguntárselo. Con la fe no se juega y con los convenios colectivos, menos.

El fanático religioso sabe que Dios existe y conoce, además, con sorprendente precisión, lo que Dios piensa sobre asuntos que Dios jamás se ha molestado en comentar personalmente. El ateo militante tampoco tiene dudas: Dios no existe. Y puede pasarse dos horas explicándote apasionadamente la inexistencia de alguien que, según él, no existe. Es una dedicación admirable.

Los míos siempre tienen razón

Luego está la política. Aquí ya no tenemos opiniones: tenemos equipos. Uno no escucha al contrario para averiguar si tiene razón en algo. Lo escucha esperando que termine para explicarle por qué es imbécil.

Si el político propio roba, habrá que conocer todos los detalles antes de juzgar. No conviene precipitarse. Hay que respetar la presunción de inocencia, estudiar las circunstancias y esperar a que se pronuncien los tribunales.

Si roba el contrario, que devuelva también la primera comunión.

El Mundial que no podía ganar España

Y después está el fútbol, que últimamente ha decidido competir con las religiones en materia de fe.

España gana a Argentina la final del Mundial y uno, ingenuo, piensa que la explicación podría ser que España jugó mejor.

Pues no.

Demasiado sencillo.

El partido estaba comprado. Los jugadores argentinos estaban amenazados de muerte. Sus familias corrían peligro. Todo estaba preparado de antemano y el resultado decidido antes de que el árbitro pitara el comienzo.

Porque una conspiración tiene una ventaja extraordinaria: cuanto más difícil resulta demostrarla, más demuestra eso que la conspiración es buena.

A mí me fascina especialmente la capacidad humana para elegir entre dos explicaciones. Una: España ganó el partido. Dos: una organización internacional de dimensiones considerables montó una operación secreta para conseguir que Argentina perdiera un partido de fútbol y, además, logró que todos los implicados guardaran silencio.

Y quedarse con la segunda porque parece más razonable.

El tren demuestra que la Tierra es plana

Aunque para certezas, los terraplanistas.

Uno de sus argumentos me parece difícilmente superable: si la Tierra fuera redonda, las vías del tren, cuando son largas, largas, largas, tendrían que ser curvas.

Y, sin embargo, usted mira una vía y es recta.

Se acabó la discusión.

Siglos de astronomía, satélites, viajes espaciales, fotografías de la Tierra y unos cuantos señores llamados Copérnico, Galileo y Newton derrotados por la línea Algeciras-Bobadilla.

No sé cómo no se nos ocurrió antes.

Con la comida hemos topado

Y después está la comida. Territorio sagrado.

Pruebe usted a decir delante de un valenciano que hace una paella estupenda con chorizo y descubrirá que la violencia tiene justificaciones morales.

El vegano convencido te explicará lo que debes comer para salvar el planeta mientras tú intentas esconder el jamón. El carnívoro militante responderá pidiendo un chuletón de kilo y medio, no porque tenga hambre, sino para defender la libertad occidental.

Y todos felices.

Bueno, felices no.

Convencidos.

Que es mucho mejor.

El derecho a estar equivocado

Yo cada día tengo menos certezas. No sé si es consecuencia de la edad, de haber leído demasiado o de haber entendido demasiado poco. Incluso empiezo a sospechar que algunas de las cosas que defendí apasionadamente durante años eran auténticas gilipolleces.

Y eso me tranquiliza.

Porque todavía puedo cambiar de opinión. Puedo escuchar a alguien y pensar: «Coño, pues lleva razón». Puedo incluso discutir conmigo mismo y perder.

Debe de ser cosa de mi formación clásica.

Bueno, vieja.

Aunque tampoco estoy completamente seguro.

10Jul

El secreto de la acústica perfecta: El templo griego donde aún se escucha el caer de una moneda a 60 metros (Parte VI y última)

A pesar de la decepción, Atenas en 24 horas nos supo a poco. El freetour del primer día nos ofreció una visión general de la urbe en la que se originó occidente, del esplendor del siglo de Pericles, de su debilidad tras la guerra del Peloponeso contra Esparta, de su romanización y de los acontecimientos en los siglos XX y XXI, pero nos faltaba la Acrópolis. Y, sin dudarlo, nos subimos los 10 en una furgoneta para 9 para pasar el día entre la sofoquina del calor abrasador y la excelencia de un espacio único para la humanidad. Pero, esto ya lo he relatado en la primera entrada del este diario. Si os apetece, le volvéis a echar un vistazo.

Epidauro y Nauplia: La ruta definitiva de 2 días para despedirte de Grecia de la forma más espectacular

Tras ese día extraordinario en Atenas, el periplo griego tocaba a su fin; pero, antes de despedirnos y en homenaje a los médicos del grupo (Mari Luz y Julián), nos adentramos en el mundo de la medicina, la paz y las artes de Epidauro.

Epidauro era el santuario de Asclepio, dios de la Medicina, y el centro de sanación más célebre de la antigüedad. En él se combinaban la espiritualidad, el deporte, la cultura y la salud. Esa conjunción permitió la construcción de un teatro, en el siglo IV antes de Cristo, famoso por su simetría perfecta y su asombrosa acústica. Dicen los expertos que si alguien deja caer una moneda en el centro del escenario (orquesta), se escucha perfectamente en la última fila de sus 14.000 gradas, a 60 metros de altura.

En el sitio arqueológico también se encuentra el Asclepeion, centro de sanación, al que los enfermos acudían buscando remedios físicos y espirituales. Además y entre las ruinas del santuario terapéutico, se alza el esqueleto del Tholos, un templo circular de columnas corintias, el Abatón, porche donde dormían los pacientes esperando a que Asclepio les revelara la cura en sueños, y el estadio para las competiciones deportivas en honor del dios.

La jornada matutina concluyó con la visita a Palaia Epidavros (antiguo Epidauro), pintoresco pueblo costero con un pequeño teatro y una ciudad sumergidas en la playa de Kalymnios, villa romana visible y muy bien conservada, que no encontramos.

El impresionante castillo flotante de Grecia construido para espantar a los piratas

El colofón de la conquista griega lo pusimos en la fortaleza Palamidi de Nauplia, su fortaleza (castillo) de Bourtzi y en un paseo nocturno. La Palamidas (Palamidi) se considera una obra maestra de la arquitectura militar veneciana, que se construyó en tres años (1711-1714). Situada a 216 metros de altura, se accede a ella subiendo 999 escalones excavados en la roca.

Por su parte, y en medio del agua, se erige el castillo Bourtzi, fortín flotante que emerge en un islote a 450 metros del puerto. Construido por los venecianos en 1473 para proteger la zona de piratas e invasores. El siglo XIX se convirtió en la residencia oficial de los verdugos que ejecutaban a los presos de Palamidas.

Castillo Bourtzi, en Nauplia

Y esto es todo. El noveno día (6 de junio de 2026) solo dio para viajar a Atenas, tomar el avión, llegar a Madrid y poner rumbo a Sevilla y Cáceres.

08Jul

¿Una pirámide en Grecia anterior a Egipto? El fascinante viaje que te lleva directo al reino de Agamenón (Parte V. 3 de junio de 2026)

Y después de cinco días sufriendo el síndrome de Stendhal, sin mareos ni palpitaciones, pero sí con sobredosis de belleza patrimonial y paisajística, nos alejamos de Paralio Astros para recalar en Nauplia, tal vez, junto a Vytina, la ciudad más bonita de Grecia y pasar tres noches en el hotel más delicioso de todo el recorrido, Pensión Dafni Hotel.

¿Una pirámide en Grecia más antigua que las de Egipto? El misterio de Hellinikon

En el trayecto, nos topamos con la pirámide de Hellinikon, cerca de Argos. La curiosidad de esta construcción se centra en su misteriosa estructuras de bloques de piedra caliza y su forma poligonal. Al parecer, se ha discutido mucho sobre su antigüedad y si su edificación se produjo antes o después de las pirámides de Egipto. Una prueba de termoluminiscencia demostró que se erigió en el siglo IV antes de Cristo y que se destinó a torre de vigilancia militar o sirvió para controlar las rutas comerciales de la Argólida.

Este monumento simplemente fue el aperitivo del día. El gran momento llegó al toparnos con Micenas, el reino de Agamenón, líder de los griegos en la Guerra de Troya.

Viaje al reino de Agamenón: la espectacular ciudadela fortificada que devoró el tiempo

Posiblemente el yacimiento arqueológico más formidable de Grecia. Se trata de una ciudadela fortificada de la Edad de Bronce, que no solo dominó el Peloponeso, sino que dio nombre a una civilización, la micénica. Además, de un lugar cargado de misticismo, con murallas ciclópeas, la monumental puerta de los Leones, entrada de acceso a la acrópolis, las tumbas reales donde se halló la máscara de oro de Agamenón y el tesoro de Atreo (tumba de Agamenón), que se ubica fuera de las murallas, cuenta con una sepultura de tholos (cúpula) del siglo XIV antes de Cristo apuntalada con hileras de piedra concéntricas. Su bóveda fue la estructura cupulada más alta y ancha del mundo hasta que el Panteón de Roma le arrebató el puesto.

Tras insuflarnos de los restos micénicos, de su cultura guerrera y de fascinarnos con el poder y los mitos de la civilización micénica, recalamos en Nauplia, la primera capital de la Grecia moderna, ornamentada de sus calles de estilo veneciano y neoclásico, plazas señoriales y el agua turquesa del mar Mirto.

Pero para descubrir qué nos deparó la Venecia griega y su entorno habrá que esperar al siguiente capítulo de los Danubianos por tierras helenas. (Continuará)

07Jul

Nuevo capítulo: La Grecia que no sale en las guías: Monasterios camuflados, templos caóticos y el rincón donde Hércules venció a la Hidra (Parte IV: 1 y 2 de junio de 2026)

El destino del cuarto día (1 de junio de 2026) era Paralio Astros, aunque regresábamos a dormir a Trípoli; cambiamos la montaña majestuosa y los valles altos de Arcadia por el mar Mirtilo en el golfo Argólico. Y, entre un destino y otro, conocimos el templo de Atenea Alea en Tegea, construido en el siglo IV antes de Cristo por el arquitecto Escopas. Si en el pasado fue uno de los templos más importantes del Peloponeso famoso por la belleza de sus frontones escultóricos y por el uso de capiteles corintios, ahora solo se aprecian bloques de piedra a ras del suelo vallados para su protección.

Si Tegea decepcionó, no lo hizo el monasterio de Loukós, camuflado entre cipreses y olivares, un tesoro del siglo XII en el que destaca la iglesia bizantina con frescos medievales y la antigua villa romana de Herodes Ático. Custodiado por una comunidad de monjas, que se dedican a la contemplación, a la hospitalidad, a mantener el lugar y a atender a Julián después de su accidente en la bicicleta.

Paralio Astros

Una vez abandonado este remanso de paz, oasis de armonía y conciliación, e imbuidas de la tradición monacal de la iglesia ortodoxa griega, recalamos en Paralio Astros, pueblo costero de Arcadia dominado por el castillo medieval de los hermanos Zafiropaulos, en la colina Nisi. Desde sus 50 metro, la fortaleza regala una panorámica del puerto y del golfo Argólico deslumbrante.

De nuevo en Trípoli, la capital de la región nos brindó el palpitar de sus plazas, la de Areos, la más grande de Grecia y porticada de cafés, restaurantes y parques, o la de San Basilio, en la que se ubica la catedral neoclásica de mármol blanco.

El rincón de la memoria: Agia Fotini de Mantineias

Después de dos noches en Trípoli, Paralio Astros y el hotel Ariadne Hotel nos esperaban, pero antes nos desviamos para visitar un rincón de la memoria. Llegamos a la iglesia de Agia Fotini de Mantineias, en Nestani. Un templo en mitad de la nada, de ladrillo rojo bizantino, de arquitectura inclasificable, en el que se detecta el estilo bizantino, el clásico griego y el minoico. Su construcción se remonta a los años 70 del siglo XX, pero es el caos decorativo interior el que subyuga a los expertos y el que desconcierta los neófitos.

Hércules y la Hidra de múltiples cabezas

Una vez superada la turbación de Agia Fotini de Mantineias, la carretera nos encaminó al sitio arqueológico de Lerna, en Myloi. En este lugar, dicen las crónicas mitológicas, Hércules derrotó a la Hidra de las múltiples cabezas. Si nos lo hubieran permitido, hubiéramos percibido la humedad y el misterio de los manantiales corriendo como hace miles de años, hubiéramos imaginado cómo Hércules cortaba y machacaba una y otra vez las testas infinitas de Hidra, pero el espacio solo se abrió a la imaginación porque su vallado frenó nuestro interés turístico.

Pelín desilusionados, nos encaminamos a Argos, una de las ciudades más antiguas de Europa, que vive de espaldas al turismo, pero que conserva un teatro romano del siglo IV antes de Cristo excavado en la roca de la colina Larisa, con un graderío de piedra caliza para 20.000 espectadores.

Sin embargo, mientras el teatro conserva su monumentalidad desafiando al tiempo, aunque lleno de zarzales; en el ágora, la maleza embebe los restos arqueológicos, piedras que en su día atestiguaron el pulso político y comercial de la que fue el centro del mundo, y en las que el olvido, la desidia y el desinterés se atrapan en el limbo de la desmemoria.

Pero, la pesadumbre de la desatención se borró con la inmensidad azul del mar Egeo de Paralio Astros, un pueblo de ambiente marinero con su castillo medieval, su puerto, su paseo marítimo y agua cristalina.

Y así las emociones de estos dos días se diluían en el vaivén del mar Mirtilo. Habíamos agotado estas dos páginas de ruta, pero el mapa todavía nos reservaba varios destinos en el horizonte. (Continuará)

06Jul

Vacaciones de gato cortijero: el placer de no pisar la playa

In Para reir by Pepógrafo / 06/07/2026 / No Comments

Llevo quince días de vacaciones y todavía no he pisado la playa. Ni un grano de arena entre los dedos. Lo digo con cierto orgullo, como quien presume de haber sobrevivido a una moda absurda.

Carmen, sin embargo, pertenece a otra especie. Baja a la playa equipada para fundar una colonia. Silla, sombrilla, bolso de dimensiones industriales, libros, agua, fruta, cremas, toallas… Si un crucero naufragara frente a la costa, podrían abastecerse con lo que ella lleva en un solo viaje.

Se instala por la mañana y solo falta que el Ayuntamiento le cobre el IBI por ocupación del terreno.

Yo soy un gato de cortijo.

Me atuso un poco, busco una sombra, duermo una siesta y, cuando me despierto, me levanto porque ya toca descansar de haber descansado. Las vacaciones son un asunto demasiado serio como para estropearlas haciendo cosas.

Pero nunca falla el defensor universal del sentido común.

—¿Y para qué vienes a la playa si no bajas?

La pregunta siempre la hace alguien convencido de haber desmontado toda tu filosofía de vida con una sola frase. Son los mismos que creen que una piscina se construyó para bañarse y un sofá para sentarse.

También tengo piernas y no voy corriendo a todas partes. Tengo bicicleta y no compito en el Tour. Tengo una caja de herramientas que lleva años sin conocer un tornillo porque, cuando algo se rompe, siempre aparece un cuñado dispuesto a demostrar que él sí sabe. Tengo una colección de corbatas que sobreviven por si algún juez me obliga a volver a ponérmelas.

Y también tengo cerebro

No crean que lo utilizo siempre. Basta con leer algunos comentarios en internet para comprobar que no soy el único.

Nos han educado para amortizarlo todo. Si compras una barbacoa, haz barbacoas. Si tienes piscina, métete. Si pagas un bufé libre, come como si la especie humana fuera a extinguirse al día siguiente. Si vas a la playa, embadúrnate de arena hasta en sitios donde la anatomía jamás imaginó recibir visitas.

Pues no.

Hay un placer inmenso en saber que puedes hacer algo… y decidir que hoy tampoco. La playa no caduca. No la retiran por falta de uso. Sigue ahí, esperándome con una paciencia que ya quisieran algunos conocidos.

Será porque soy un gato de cortijo.

Me gusta cazar pájaros, claro.

Pero me gusta mucho más verlos volar mientras alguien me trae la comida al cuenco.

Para algo me he ganado las vacaciones. Y, si a alguien le parece mal, que se vaya a la playa por mí. Así la amortiza también.

04Jul

Nueva jornada de los Danubianos en Grecia: Cierran a las 20.00 y entran 20 minutos antes: la caótica «conquista» española de Esparta (Parte III. 31 de mayo de 2026)

In Para reir by Pepógrafo / 04/07/2026 / No Comments

La primera jornada ciclista (Vytina-Trípoli) se iniciaba con la fotografía de los pedalistas a las puertas del hotel y poniendo rumbo a Trípoli, capital de la región de Arcadia, y con ello despidiéndonos del área montaña y zambulléndonos por desfiladeros impactantes, por caminos (que no carreteras) serpenteantes y acotados por quebradas deslumbrantes.

En este trayecto, de a penas 50 kilómetros, se revelan dos pueblos medievales, Dimitsana y Stemnitsa, colgados de la montaña, la cueva de Kapsia y el monasterio de Loukós.

Cueva de Kapsia: estalactitas, estalagmitas y restos óseos de 50 personas

La cueva de Kapsia: entre huertos de manzanos y viñedos, se alza una construcción que abre las puertas a esta gruta, una de las más importantes de Grecia, visitable desde 2012. En ella, las estalactitas y las estalagmitas conforman un deslumbrante laberinto geológico esculpido pausadamente durante millones de años. En su interior, además de estas formaciones de piedra moldeadas gracias a las filtraciones del agua, se hallan restos óseos de 50 personas (incluidos bebés) sepultados por antiguas inundaciones repentinas y devastadoras, además de herramientas humanas y fragmentos de cerámica neolítica.

Como nota anecdótica: las estalactitas y las estalagmitas crecen un centímetro cada cien años

Al llegar a Trípoli, nos alojamos en Palatino Rooms & apartaments.

La conquista de Esparta

Esa tarde, ya reunido el grupo, optamos por conquistar Esparta. Diez españoles, apretujados en una Opel Vivaro para 9 personas, recorrimos los casi 60 kilómetros de distancias armados con doris y xiphos para colocar la divisa rojigualda en lo alto de su acrópolis y honrar a los bravos de la batalla de las Termópilas

Casi no llegamos (y no conquistamos). Cerraban a las 20.00 horas y nosotros nos colamos en el recinto 20 minutos antes, olvidando en la furgoneta la bandera y las espadas, pero sí nos recreamos con las piedras monumentales del teatro de mármol con capacidad para 16.000 espectadores, que data de siglo I antes de Cristo y construido por iniciativa del emperador Augusto.

En la parte alta de la colina, destacan el ágora, en la que se conservan los restos de una estoa romana (galería cubierta con pórticos), los restos del santuario de Atenea Chalkioikos (casa de bronce) y la basílica de San Nicolás (Osios Nikon).

Y, como colofón a la anexión frustrada, escalamos hasta Mystrás, ciudad medieval bizantina, ocupada hasta el siglo XIX. El castillo se alza sobre la cima del monte Taigeto, a 620 metros de altura. Su construcción se remonta a 1249. Se le consideraba inexpugnable a los asedios. Nosotros no lo intentamos. Estaba cerrado. En 1989, la Unesco declaró patrimonio de la humanidad a Mystrás, conocida como la ciudad fantasma.

Y de esta forma terminamos la tercera jornada de las peripecias de los Danubianos por Grecia. (Continuará)

02Jul

Sigue la conquista: Hombres en bici, mujeres por carretera y un abismo de 80 metros: Odisea en el corazón de Grecia (30 de mayo de 2026)

In Para reir by Pepógrafo / 02/07/2026 / No Comments

Después de 24 horas, los Danubianos enfilaron rumbo al primer destino de la ruta, Vytina, localidad en la que el grupo se dividía: los hombres iniciaban su peripecia ciclista y las mujeres su odisea por carretera. Pero antes, parada obligada: el canal de Corinto. Una de las obras de ingeniería tallada en la roca más impresionante y fotografiada del mundo, que conecta el golfo de Corinto con el mar Egeo, separando la península del Peloponeso del resto de Grecia.

Las cifras del canal de Corinto

El canal en cifra: 80 metros de altura, 6,3 kilómetros de largo, 24,6 metros de ancho en la superficie y 21,3 metros en la base, y 8 metros de calado.

El canal en la historia: en el siglo VII antes de Cristo (ahora se dice antes de la era común, según la historiadora británica Mary Beard) Periandro pergeñó la idea. Posteriormente, Julio César y Calígula retomaron el plan, aunque en el año 67 después de Cristo, Nerón inició la obra, que se detuvo por su muerte. Los trabajos se retomaron a finales del siglo XIX gracias al éxito del Canal de Suez. Se inauguró en 1893 y se respetó el trazado diseñado por Nerón.

Después de darnos codazos para disfrutar del canal, llegamos a Vytina (el corazón montañoso de Arcadia) y al hotel Thea Mainalou, situado en plena naturaleza con bosques densos, aire puro y casas que destacan por su arquitectura de piedra negra y sus tiendas de productos artesanales.

Vytina, la puerta de entrada al Peloponeso

El pueblo es la puerta de entrada a la región de la Arcadia que destaca por su heterogeneidad: montañas majestuosas, pueblos medievales de piedra en las laderas de los montes y costas deslumbrantes. Vytina cuenta con 552 habitantes y una estación de esquí, además de hoteles y restaurantes coquetos y con encanto. Además, disfruta del sendero del amor, un paseo de árboles en el que los jóvenes suelen declararse, y de la iglesia de Agios Tryfon, construida en 1846 con mármol negro, que se extrae en la zona.

Y así acabó la segunda jornada del viaje. (Continuará).

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01Jul

Encomendados a Poseidón y al GPS: la accidentada (pero exitosa) conquista de los Danubianos de la Grecia clásica (parte I)

In Curiosidades by Pepógrafo / 01/07/2026 / 1 Comment

Primavera 2026 (del 29 de mayo al 6 de junio). El grupo de amigos los Danubianos se calza las botas, se cuelga las mochilas y se lanza a la conquista, este año, de la Grecia clásica, origen de la civilización occidental, cuna del pensamiento, de la democracia, de la ciencia y del arte. Más de 2.500 años después, diez osados viajeros deciden comprobar que el legado político (la democracia), el filosófico (el uso de la razón: Sócrates, Platón y Aristóteles), el científico (desarrollo del pensamiento deductivo gracias a Pitágoras y Euclides, el fin de la medicina de la superstición con Hipócrates y el registro analítico y crítico de los hechos [la historia] gracias a Herodoto y Tucídides), el artístico y el literario (el uso de la columnas, las simetrías y las proporciones en la arquitectura, la invención de la tragedia y la comedia para explorar la condición humana con Edipo y Antígona, o la Ilíada y la Odisea de Homero como bases de la narrativa occidental) y el deportivo (en Olimpia nacieron los Juegos Olímpicos) nos había llegado con la misma vitalidad que hace milenios los griegos diseñaron.

El aterrizaje en Atenas

Y, así, disfrazados de exploradores, salimos el 29 de mayo, muy temprano, de Sevilla y Cáceres para tomar un avión en Madrid-Barajas que, tres horas y media después, nos depositaba en el aeropuerto de Atenas Eleftherios Venizelos. Como cualquier aventura, esta no podía ser más prometedora aunque la intendencia de diez personas no resulta fácil en España y mucho menos en Grecia, sin hablar griego y parloteando inglés. Una vez recuperadas las maletas y con el alivio de no haberlas perdidos, comenzaba la aventura exploradora, y el primer reto: localizar la furgoneta y salvar la yincana telefónica porque la empresa no tiene la oficina en la terminal y no localizabamos a quién nos llevaría a por nuestra minivan.

Evzón, custodiando la tumba del soldado desconocido, situada en la plaza Syntagma de Atenas

Encomendándonos a Poseidón, marcamos el número de contacto y soltamos: Hello, I’m looking for my van. Y, así se inició un espectáculo de malentendidos e indicaciones a la velocidad del rayo de Zeus para, después de más de 30 minutos, averiguar que vendrías a buscarnos y nos llevarían a la sede de Ballon Car Rental para recoger la furgoneta.

Atenas: un inmenso yacimiento arqueológico

Mientras parte de los Danubianos peleaban con el idioma y con la toma de posesión del vehículo, tres se subían con sus maletas a una berlina y ponían rumbo al hotel Breeze Boutique Athens para iniciar, como herederos de Alejandro Magno, la conquista, primero, de Atenas y, después, del Peloponeso. Ellos eran la avanzadilla, tomaban posesiones de las habitaciones y se topaban con una ciudad en decadencia, cochambrosa, maltratada por la crisis económica de 2008 y en la que, salvo la herencia helénica, solo mantenían la dignidad los atenienses.

Atenas, ese inmenso yacimiento arqueológico, en el que cohabitan los vestigios de la civilización clásica con el pasado bizantino y un urbanismo contemporáneo en declive, deteriorado y en el ocaso, ubica su corazón en la Acrópolis, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1987. En su interior, conviven templos de mármol pentélico: el Partenón, el Erecteón con sus seis Cariátides y el templo de Atenea Nike. A sus pies, el ágora antigua, el foro romano, el teatro de Dionisio, el Odeón de Herodes Ático y la torre de los vientos, primer servicio meteorológico del mundo. Además de la Puerta de Adriano, que dividía la vieja urbe de la nueva, y el templo de Zeus Olímpico.

La Acrópolis desde la Plaka, a la luz de la luna.

Y bajo la sombra la ciudad alta (Acrópolis), rindiendo pleitesía, los barrios históricos de la Plaka y Monastiraki. Zonas de calles estrechas, casa blanca de puertas azules, tabernas y terrazas flanqueadas por buganvillas y enredaderas, locales en los que la cocina tradicional griega se degusta embelesados por la grandiosidad de la Acrópolis iluminada y con una luna llena esplendorosa custodiándola.

En el lado opuesto, la plaza Sintagma, corazón político e histórico de Atenas, contiene el Parlamento helénico y la tumba del soldado desconocido, custodiada por los evzones con su simbólica faldita blanca de 400 pliegues, su chaleco bordado y sus zuecos (tsarouhia) de cuero rojo con pompones negros y clavos en las suelas. Cada hora estos soldados ejecutan la espectacular ceremonia del cambio de guardia.

(Continuará)

09Jun

El puerto de los cojones

In Para reir by Pepógrafo / 09/06/2026 / 3 Comments

Personajes:

  • BENITO: El líder de este circo. Cree que subir una cuesta es un acto heroico y no una forma de morir en ridículo.
  • JULIÁN: El doctor. El mismísimo Hipócrates en bici, de quien la Wikipedia se nutre.
  • FELIPE: El que pasa de todo, pero que en el fondo está esperando que alguien se caiga para descojonarse.
  • PACO: El que todo lo convierte en un mitin político, incluso el hambre.
  • JULIO: El cascarrabias oficial. Su deporte favorito es quejarse de los demás.

Escena: El kilómetro 14 de un puerto de montaña que no conoce ni su madre.

El sol castiga el asfalto. Las moscas nos miran con lástima

BENITO: (De pie sobre la bici, sudando como un cerdo) ¡Vamos, panda de desmotivaos! ¡Que solo quedan tres kilómetros, [eso dijo hace 6], para tocar el cielo! ¡Lo importante es coronar, el resto son excusas!

JULIO: (Con la cara morada y al borde del colapso) Benito, cabrón, si vuelves a abrir la boca para hablar de la cima, te juro que te meto el sillín por donde no te da el sol. Son las tres de la tarde. Si no como algo ya, me voy a desmayar aquí mismo y no me pienso levantar hasta que pase un coche fúnebre.

JULIÁN: (Con tono socrático) A ver, Julio, no seas dramático. El cuerpo tiene reservas. Lo que te pasa es que tu metabolismo es un desastre y no sabe gestionar el esfuerzo. Lo digo yo, que para eso tengo el título. Seguid pedaleando, que la medicina es clara: cuanto más subas, menos engordas.

Manchas de grasa en el suelo. Son los restos de ciclistas que les precedieron

PACO: (Resoplando) Eso es el discurso de siempre, la tiranía del que quiere que los demás sufran para sentirse mejor. ¿Por qué tenemos que subir? Eso es lo que quiere el sistema, que nos dejemos la vida en el asfalto mientras otros comen con mantel. Propongo una moción de censura contra este puerto y que nos paremos en la sombra a decidir el menú.

FELIPE: (Mirando a las musarañas mientras pedalea sin esfuerzo) ¿Ya habéis terminado con la tontería? Es que escucharos hablar de política y de medicina mientras nos estamos asando me da más sueño que otra cosa. Seguid con vuestras chorradas, que yo voy a seguir subiendo, básicamente porque es la única forma de que dejéis de hablar un rato.

Se arrastran

BENITO: (Sin inmutarse) ¡Eso, Felipe, a lo tuyo! ¡A coronar! Paco, déjate de pancartas y dale a los pedales. ¡Aprende a sufrir!. Julián, no te calles, diles lo mal que están de salud para que sigan.

JULIÁN: Es que es obvio. El sedentarismo de Julio y el populismo de Paco están haciendo que sus arterias se cierren. Subir es lo único que os mantiene con vida, técnicamente hablando.

JULIO: (Con un grito que asusta a las cabras) ¡Que me importa un huevo mi salud, Julián!. Lo que quiero es un bocadillo de tortilla. Benito, si llego arriba y no hay un bar, te juro que te tiro la bicicleta al barranco y a ti detrás.

PACO: Eso es, vamos a ocupar la cuneta. O paramos ahora mismo o esto es una dictadura ciclista. ¡No pasarán!

FELIPE: (Con una sonrisa asesina) Pues yo he visto un bar a cien metros, pero como me caéis tan mal, no pienso decir dónde está. Seguid subiendo, que os queda una eternidad. Benito, tú sigue haciendo el ridículo, que me encanta verte sufrir.

BENITO: (Ya casi sin voz, con su puta sonrisita ) ¡La gloria es nuestra! ¡Son tres kilometros!

Benito sigue pedaleando como un loco. Julio está pegado al asfalto. Paco empieza a gritar consignas al aire y Julián ajusta sus gafas cual atleta de élite. Felipe los mira a todos desde su infinito.

Lo Que Captura La Mirada background image