Encomendados a Poseidón y al GPS: la accidentada (pero exitosa) conquista de los Danubianos de la Grecia clásica (parte I)
Primavera 2026 (del 29 de mayo al 6 de junio). El grupo de amigos los Danubianos se calza las botas, se cuelga las mochilas y se lanza a la conquista, este año, de la Grecia clásica, origen de la civilización occidental, cuna del pensamiento, de la democracia, de la ciencia y del arte. Más de 2.500 años después, diez osados viajeros deciden comprobar que el legado político (la democracia), el filosófico (el uso de la razón: Sócrates, Platón y Aristóteles), el científico (desarrollo del pensamiento deductivo gracias a Pitágoras y Euclides, el fin de la medicina de la superstición con Hipócrates y el registro analítico y crítico de los hechos [la historia] gracias a Herodoto y Tucídides), el artístico y el literario (el uso de la columnas, las simetrías y las proporciones en la arquitectura, la invención de la tragedia y la comedia para explorar la condición humana con Edipo y Antígona, o la Ilíada y la Odisea de Homero como bases de la narrativa occidental) y el deportivo (en Olimpia nacieron los Juegos Olímpicos) nos había llegado con la misma vitalidad que hace milenios los griegos diseñaron.
El aterrizaje en Atenas



Y, así, disfrazados de exploradores, salimos el 29 de mayo, muy temprano, de Sevilla y Cáceres para tomar un avión en Madrid-Barajas que, tres horas y media después, nos depositaba en el aeropuerto de Atenas Eleftherios Venizelos. Como cualquier aventura, esta no podía ser más prometedora aunque la intendencia de diez personas no resulta fácil en España y mucho menos en Grecia, sin hablar griego y parloteando inglés. Una vez recuperadas las maletas y con el alivio de no haberlas perdidos, comenzaba la aventura exploradora, y el primer reto: localizar la furgoneta y salvar la yincana telefónica porque la empresa no tiene la oficina en la terminal y no localizabamos a quién nos llevaría a por nuestra minivan.

Encomendándonos a Poseidón, marcamos el número de contacto y soltamos: Hello, I’m looking for my van. Y, así se inició un espectáculo de malentendidos e indicaciones a la velocidad del rayo de Zeus para, después de más de 30 minutos, averiguar que vendrías a buscarnos y nos llevarían a la sede de Ballon Car Rental para recoger la furgoneta.
Atenas: un inmenso yacimiento arqueológico
Mientras parte de los Danubianos peleaban con el idioma y con la toma de posesión del vehículo, tres se subían con sus maletas a una berlina y ponían rumbo al hotel Breeze Boutique Athens para iniciar, como herederos de Alejandro Magno, la conquista, primero, de Atenas y, después, del Peloponeso. Ellos eran la avanzadilla, tomaban posesiones de las habitaciones y se topaban con una ciudad en decadencia, cochambrosa, maltratada por la crisis económica de 2008 y en la que, salvo la herencia helénica, solo mantenían la dignidad los atenienses.
Atenas, ese inmenso yacimiento arqueológico, en el que cohabitan los vestigios de la civilización clásica con el pasado bizantino y un urbanismo contemporáneo en declive, deteriorado y en el ocaso, ubica su corazón en la Acrópolis, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1987. En su interior, conviven templos de mármol pentélico: el Partenón, el Erecteón con sus seis Cariátides y el templo de Atenea Nike. A sus pies, el ágora antigua, el foro romano, el teatro de Dionisio, el Odeón de Herodes Ático y la torre de los vientos, primer servicio meteorológico del mundo. Además de la Puerta de Adriano, que dividía la vieja urbe de la nueva, y el templo de Zeus Olímpico.

Y bajo la sombra la ciudad alta (Acrópolis), rindiendo pleitesía, los barrios históricos de la Plaka y Monastiraki. Zonas de calles estrechas, casa blanca de puertas azules, tabernas y terrazas flanqueadas por buganvillas y enredaderas, locales en los que la cocina tradicional griega se degusta embelesados por la grandiosidad de la Acrópolis iluminada y con una luna llena esplendorosa custodiándola.
En el lado opuesto, la plaza Sintagma, corazón político e histórico de Atenas, contiene el Parlamento helénico y la tumba del soldado desconocido, custodiada por los evzones con su simbólica faldita blanca de 400 pliegues, su chaleco bordado y sus zuecos (tsarouhia) de cuero rojo con pompones negros y clavos en las suelas. Cada hora estos soldados ejecutan la espectacular ceremonia del cambio de guardia.
(Continuará)































