El hombre hizo el fuego con dos palos , ha llegado a la Luna, creó el botijo, la boina y el sacacorchos . Pero, en pleno siglo XXI, sigue siendo derrotado humillantemente por un paquete de mortadela. El término «abre fácil» es la mayor contradicción de la historia, una broma pesada por la los ingenieros se descojonan de risa mientras brindan con latas que, seguramente, ellos sí saben abrir.

1. La mortadela y el sacrificio de uñas
Esa esquina que dice «tire aquí» es una trampa para incautos. Lo intentas con delicadeza, luego con violencia, y al final acabas usando los dientes como un neandertal frente a un mamut. El resultado es siempre el mismo: el plástico se rompe en tiritas y tú te quedas con una uña menos, un odio profundo hacia la charcutería del Mercadona y más hambre.
2. El Pack de Cervezas: El búnker de plástico
Atención especial merece el retractilado del pack de latas. Ese plástico transparente está diseñado por la NASA para resistir la reentrada en la atmósfera. Te rompes los dedos intentando perforar la superficie, te luxas la falange buscando un hueco y, cuando por fin sacas una cerveza, la lata está abollada como pateada por una docena de niños el en descampado de Manolito Gafotas
3. La gran conspiración del «fiso» y el fisioterapeuta
Llegados a este punto, tengo una teoría terraplanista que lo explica todo: los fabricantes de envases no son torpes, son socios de una logia secreta.
¿Por qué el bote de champú requiere la fuerza de Hércules para abrirse con las manos mojadas ? ¿Por qué la lata de mejillones es una tómbola de cortes y aceite ? La respuesta es clara: el cártel de los fisioterapeutas. Por cada muñeca luxada y cada tendinitis causada por un «abre fácil», un «fisio» recibe un paciente. Es un negocio perfecto: ellos diseñan el problema y tú pagas la rehabilitación.

4. Conclusión: El fin de la especie
Si mañana los extraterrestres nos invaden y su única exigencia fuera que abriéramos un paquete de salchichas sin usar un cuchillo de sierra, moriríamos en diez minutos.
A quien corresponda: menos «abre fácil» y más «abre de verdad», que ya tengo una edad para andar peleándome con el plástico de la mortadela.
