Mientras lees esto yo estoy en el quirófano. Si salgo vivo escribiré más, si la palmo no creo que pueda hacerlo. Así que por si acaso me despido con un beso para todos. Uno para cada uno.
Mi amiga Carmen dice una frase de las que se graban en mármol: «No hay amor fraterno que supere un proindiviso». Eso, traducido del lenguaje culto, viene a decir que las herencias pueden ser bombas de profundidad en la apacible vida de quien las recibe.
Como si en Cien años de soledad, tras el cristal; sin esa atmósfera tensa, más bien tenue; sin el calor del trópico; con una historia por escribir y el tiempo depositado a la espera de un café aún no pedido.
Sentada a un velador ante el ventanal, quizá con música de la vieja nouvelle chanson française de fondo, que retienen el muro de fachada y la cristalera para que el sonido no exceda la taberna.
Ansía una llamada; anhelo en un cuadro hiperrealista que exuda vida; rostro quizá tenso, facciones quizá tranquilas; no se ven. Inconsciente, o ensimismada en sus pensares, no es una imagen fija.
Expuesta sin mirada; ojos entreabiertos bajo el flequillo, pelocorto-melenarrubia; leves destellos de luz vespertina y del local, un bar-colmado neorretro nouveau style de casco viejo que acoge estados de ánimo con y sin alcohol.
Fluye su imagen en torno a una modernidad calma, de soledad entibada en la tramoya de una mente que buye a la espera de un acontecer en su vida, intensa, sin dolor, sin prisa, de escaparate y momento presente.
Cuando se la observa desde el otro lado de la luna -en éste, dentro, marca la respiración en ciclos, a compás-, se atisba un deseo pospuesto, una paciencia entrenada, capaz de esculpirte un acecho si aúpa la mirada.
Sin recato, en la ajenidad impune de su presencia ve en el móvil un mundo en stand byal aguardo de un verso como de Safo a Faón; o faleceo, a Lesbia, de Catulo; áureo de Pitágoras; o en terza rima de Dante a Beatriz.
Aromas de silencio medido en hexámetro arcaico o en endecasílabo, hasta diluirse en Soledades con esa historia por escribir -mientras llega su café con Ne me quitte pas de Brel en Radio3 o Renascen¢a-, quizá en prosa poética.
Arquetipo de la gZ, enmarcada por focos extraños a su tiempo, la visualizan sin ser consciente de mirares que la escrutan -y fijan en sus retinas-. Ella sigue en su ensueño ajena a l@s nadies que pululan al envés de la cristalera.
El edadismo, esa majadera y absurda discriminación por la edad, es como el primo tonto de la familia de los prejuicios. No importa si eres joven o viejo, siempre hay alguien, condescendiente, dispuesto a recordarte que no encajas en el molde perfecto de Facebook, TikTok o Instagram que casi llenan su cabeza vacía.
La gente, ese grupo humano al que pertenecemos, pero del que siempre nos excluimos para echarle la culpa de todo. Porque, seamos sinceros, ¿quién no ha dicho alguna vez “es que la gente es tonta”? Claro, tú no. Tú eres la excepción. Tú eres el único ser racional en un mar de caos y estupidez.
Ese arte sutil de posponer lo inevitable, de darle vueltas a las cosas hasta que se marean y se caen por sí solas. Hace semanas que quiero escribir sobre la indecisión, pero claro, nunca me viene bien. Siempre hay algo más urgente, más interesante o, simplemente, más fácil de hacer. ¿Por qué escribir sobre la indecisión cuando puedo, no sé, reorganizar mi colección de tallarines por colores?
Yo creo que fue entre la segunda cerveza y el primer plato de choco frito, Carmen había empezado la conversación sobre las enfermedades de todos los conocidos habidos y por haber.
Como no había manera de olvidarla, fui a la psicóloga y, por 60 euros la hora, me habló agazapada tras su portátil. De los 600 euros que gasté traigo aquí extractos de sus reflexiones.
Ah, el miedo a volver a los lugares donde viviste! Es como si esos sitios tuvieran una memoria propia y estuvieran esperando para recordarte todas las cagadas que hiciste. Imagínate ir a tu antiguo barrio y que las farolas te miren con cara de «¿En serio? ¿Otra vez tú?».
En el año 2999, la humanidad ha alcanzado la perfección. La tecnología contribuye a que el ser humano consiga todas sus metas; la investigación médica ha logrado para la especie la excelencia: la inmortalidad. La enfermedad, la vejez y la muerte pertenecen al pasado, y la vida eterna forma parte de la historia del mundo.
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