La Octava de Mahler

El padre Goicoechea, el Goico para los de la escolanía, fue un sacerdote de la Congregación de los Redentoristas. Compositor, director de coros, profesor, musicólogo. Una eminencia en su campo. Vivió 93 años. En la actualidad dirige los Coros Celestiales del Séptimo Cielo.

El padre Goicoechea ( Foto:Coral de Cámara de Navarra).

Pero, no es de su dilatada carrera profesional, plena de éxitos, de lo que quiero hablar. Vengo a contar y a cantar la Octava de Mahler.

Yo estrené en España La Octava Sinfonía de Gustav Mahler, la Sinfonía de los Mil, título que se explica por la siguiente suma:

Yo, y otros noventa y nueve niños, y cuatrocientos intérpretes de los orfeones Pamplonés y Donostiarra, y ochenta músicos de la Orquesta Nacional de España y un director, Rafael Frühbeck de Burgos, que era de Burgos, y El Goico. Total: quinientos ochenta y dos intérpretes, de ahí el nombre: Sinfonía de los Mil.

Don José María Goicoeche Aizcorbe, en adelante el Goico, sabía todo de la música y de repartir hostias como panes.

A saber:

1.- Con la llave del coro en la cabeza
2.-Con la mano abierta
3.-Con la regla de madera
4.-Con pellizco de patillas. Modelo don Fortunato
5.-Y otras variantes no incluidas en este contrato

Y todo esto como tributo a Gustav Mahler.

Gustav Mahler (Wikipedia)

Comenzaron los ensayos de la escolanía. Tras un escrutinio, quedamos veinte elegidos para mayor gloria de San Ignacio.

Después de la última clase de la tarde empezaba el ensayo:

!aaeiioaaaaaaa, aaaaaaeeeeeiiiiiiooooo. aaAAeIIIooAAAAA, AAAAAAEEEEIIIIOOOOAAAAAAA! (cántese en voz alta y vocalizando). Quince minutos de escalas, de aburrimiento y de irse la tarde por la ventana de la clase.

El reto era grande: teníamos que cantar en alemán y en latín. Teníamos doce o trece años y las hormonas frescas como lechugas, y en frente al Goico, que se quitaba la sotana con fuerza volcánica y en mangas de camisa nos gritaba: «¡Silencio a la una, silencio a las dos, silencio a las tres!». Pero el silencio no se producía a las tres. En ese momento, cabreado él, nos pidió una regla y yo, que estaba en la primera fila de pupitres, le ofrecí, inocente de mí, la regla de 60 centímetros nuevecita que había llevado ese día a clase.

La hizo trizas contra el pupitre. Se hizo el silencio y los centímetros rotos yacieron el resto del ensayo entre mis pies.

El sistema de aprendizaje no parece hoy muy ortodoxo, sin embargo ayer era lo corriente.

Pasaban las tardes y nuestro alemán y nuestro latín cada vez sonaban mejor, eso sí, ni idea de lo que cantábamos.

También aprendimos a no llevar reglas a los ensayos.

La bomba fétida

En uno de esos ensayos, Lafuente, de voz primera, tuvo la ocurrencia de tirar una bomba fétida. Curioso, el Goico la olió y el resto de Pamplona también. Los cánticos se detuvieron y comenzó la investigación. «¿Quién ha tirado esa bomba?», preguntó el padre. Silencio absoluto y hediondo. Tras unos minutos en los que el aire se cortaba, sin que apareciese el terrorista fétido, el Goico se sentó en una silla. Nos llamó uno a uno y nos dio sendas hostias como panes. Fin del ensayo por hoy.

Pero no todo era tan doloroso. Las voces sonaban mejor cada tarde y el alemán parecía nuestra segunda lengua, tras el latín.

Viajamos en autobús a Granada. Las casetes de chistes surcaron las carreteras de media España. Tras varios días de ensayos, yo y los otros quinientos ochenta y un intérpretes, estrenamos La Octava Sinfonía de Gustav Mahler.

Éxito arrollador. Felicitaciones al padre Goicoechea por su escolanía. Fotografía de todos los intérpretes a doble página central de la revista Blanco y Negro. Me busqué con una lupa y ni por esas.

De regreso a casa, escuchamos la grabación que el Goico había hecho con un radiocasete. Él estaba emocionado. Nosotros también.

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5 comments

  1. Mari Carmen Sancho Acosta
    01/02/2023 at 13:17 — Responder

    Me voy corriendo a escuchar la octava de Mahler; eso sí, en silencio, no sea que el espíritu del Goico me atice con la regla…

  2. Marisa Asensi Alario
    01/02/2023 at 13:56 — Responder

    Contado así es muy gracioso , supongo que no te haría tanta gracia el dia a dia.
    Yo también con 9 años cantaba en un coro, una vez nos llevaron a cantar a San Juan de la Peña, un monasterio en los Pirineos de Huesca , «afortunadamente» nos llevaron alli porque iba a visitar el monasterio ,nada menos que, Franco y su esposa.
    Inocentes, con 9 años, llegamos y cantamos. Espero que fuera un lujo para él. Para mí el recuerdo sólo trata del frío que pasamos con el uniforme de manga corta, ni sabiá en aquel momento quien era el personaje con traje militar, menos mal.

  3. Pro
    01/02/2023 at 15:00 — Responder

    ¿Te dedicaste posteriormente a la música?

  4. Clara Aldán
    02/02/2023 at 08:18 — Responder

    ¡Qué historia más chistosa! Y ¡qué tipejo el Goico! Aquellos años eran los de «con sangre, las letras entran» (o algo así, no me acuerdo bien). Y, ahora, mandan más los críos que los profesores. Ni lo uno ni lo otro.

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