Textos con guasa
y otras formas de mirar
Pepógrafo — Lo que captura la mirada

Extremadura, mucho más que tierra de paso

Extremadura tiene una mala costumbre: enseña poco lo que tiene. Quizá por eso todavía hay quien la atraviesa camino de otro sitio sin saber muy bien lo que está dejando a ambos lados de la carretera.

Yo la recorro con una cámara y me sigue ocurriendo lo mismo: cuando creo que ya conozco bastante, aparece otro pueblo, otra carretera, un embalse, una dehesa o una plaza que me obliga a parar.

Agua donde no hay mar

Extremadura no tiene mar, pero el agua ocupa una parte sorprendente de su paisaje. Embalses, ríos y gargantas permiten bañarse, navegar o simplemente sentarse en una orilla. Algunas de esas zonas cuentan incluso con playas interiores reconocidas oficialmente.

Pueblos que merecen una parada

Después están los pueblos. No todos necesitan un gran monumento para justificar el viaje. A veces basta una plaza, una iglesia, una calle que conserva su arquitectura o una conversación que no estaba prevista.

Y cuando sí aparecen los grandes nombres, la lista tampoco es pequeña: Cáceres, Mérida, Guadalupe, Trujillo, Alcántara, Hervás, Olivenza o Jerez de los Caballeros son solo algunas de las muchas paradas posibles.

Naturaleza sin decorado

Monfragüe, el Valle del Jerte, La Vera, Las Hurdes, Sierra de Gata, el Tajo Internacional o las dehesas del sur no necesitan demasiados adjetivos. Funcionan mejor cuando uno los recorre.

Y luego está la mesa

Jamón ibérico, quesos, pimentón, cerezas, vinos, aceite y una cocina que cambia según la comarca completan el viaje. No hace falta convertir cada plato en una experiencia celestial: basta con sentarse y probarlo.

Estas fotografías son mi manera de enseñar esa Extremadura. No pretenden demostrar que sea el “secreto mejor guardado de España”. Solo que merece que uno se salga de la carretera principal y mire.

Galería

Pepógrafo background image