Extremadura cuenta con numerosos rincones singulares y fascinantes. Tal vez, uno de los más destacados se sitúa en el norte de la región. Una villa amurallada y abrazada por las aguas del embalse de Gabriel y Galán, cuyas piedras rojizas y calles ahora silenciosas guardan los ecos de casi cuatro siglos de dominio de uno de los linajes más influyentes de España: la Casa de Alba. Se trata de Granadilla, una población marcada por su historia y su devenir. Su última herida, ya cicatrizada, se remonta al siglo XX cuando la construcción del pantano a finales de los años 50 expulsó a los pelones de sus casas y de sus tierras.
Pero hasta llegar a este episodio, su carácter y su naturaleza se apuntalaron al vincularse con la nobleza castellana. Todo se remonta a mediados del siglo XV. Las convulsiones en la Corona de Castilla tambaleaban la estabilidad del reinado, en el que primaban las lealtades y deslealtades. Y fue la fidelidad de Fernán Álvarez de Toledo, primer duque de Alba, al rey Juan II la razón por la que la localidad cacereña se integró en la jurisdicción de esta familia noble española.





384 años en manos de la Casa de Alba
Así, entre 1446 y 1830, 384 años, la Casa de Alba ostentó el señorío de la Comunidad de Villa y Tierra de Granadilla. Las crónicas históricas detallan que los Alba consolidaron en el municipio un relevante centro de poder local y comercial en la zona.
Pero, además de poderío, la Casa de Alba plasmó su señorío en la arquitectura. Así, la fortaleza de Granadilla debe su construcción a García Álvarez de Toledo, hijo de Fernán. Se edificó entre 1473 y 1478. Erigida sobre una colina y su singular estructura en planta polilobulada responde a la arquitectura militar del siglo XV. Se concibió para la defensa del territorio, pero también para reafirmar el prestigio señorial en la comarca.
Pasaron los años, y las reformas liberales y la abolición de los señoríos en el siglo XIX pusieron el punto y final al dominio de la Casa de Alba sobre Granadilla, que pasó a integrarse en la estructura administrativa civil.
Granadilla en la actualidad
Actualmente, nadie vive en Granadilla. En 1955 del siglo pasado, el pueblo fue declarado zona inundable y sus ciudadanos abandonaron sus casas, sus tierras, su vida y se trasladaron a otras zonas de Extremadura y de España. El agua del embalse de Gabriel y Galán anegó los cultivos, los pastos y los terrenos cercenando el progreso y convirtiendo en un recuerdo el pasado glorioso de la villa. El agua nunca cubrió el municipio, pero el vacío y la nada se instalaron entre los muros de las viviendas y del resto de edificaciones.
Sin embargo, la villa y el castillo se encuentran parcialmente restauradas gracias al Programa de Recuperación y Utilización Educativa de Pueblos Abandonados del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. De hecho, en 1980, la población fue declarada Conjunto Histórico-Artístico para proteger su muralla árabe, el castillo y la iglesia, y, ahora, se ha convertido en un pueblo-museo abierto al público, pero sin residentes.
Aunque la mayoría de los pelones que recogió sus bártulos en el 55 y puso rumbo a un destino incierto ya no viva, sus descendientes reclaman la devolución de sus propiedades porque las consideran un legado colectivo. Pero el Estado expropió las viviendas y nunca permitió el regreso de los habitantes ni de sus sucesores.


1 comment
24/09/2026 at 12:38 —
muy bonito