El puerto de los cojones

Personajes:

  • BENITO: El líder de este circo. Cree que subir una cuesta es un acto heroico y no una forma de morir en ridículo.
  • JULIÁN: El doctor. El mismísimo Hipócrates en bici, de quien la Wikipedia se nutre.
  • FELIPE: El que pasa de todo, pero que en el fondo está esperando que alguien se caiga para descojonarse.
  • PACO: El que todo lo convierte en un mitin político, incluso el hambre.
  • JULIO: El cascarrabias oficial. Su deporte favorito es quejarse de los demás.

Escena: El kilómetro 14 de un puerto de montaña que no conoce ni su madre.

El sol castiga el asfalto. Las moscas nos miran con lástima

BENITO: (De pie sobre la bici, sudando como un cerdo) ¡Vamos, panda de desmotivaos! ¡Que solo quedan tres kilómetros, [eso dijo hace 6], para tocar el cielo! ¡Lo importante es coronar, el resto son excusas!

JULIO: (Con la cara morada y al borde del colapso) Benito, cabrón, si vuelves a abrir la boca para hablar de la cima, te juro que te meto el sillín por donde no te da el sol. Son las tres de la tarde. Si no como algo ya, me voy a desmayar aquí mismo y no me pienso levantar hasta que pase un coche fúnebre.

JULIÁN: (Con tono socrático) A ver, Julio, no seas dramático. El cuerpo tiene reservas. Lo que te pasa es que tu metabolismo es un desastre y no sabe gestionar el esfuerzo. Lo digo yo, que para eso tengo el título. Seguid pedaleando, que la medicina es clara: cuanto más subas, menos engordas.

Manchas de grasa en el suelo. Son los restos de ciclistas que les precedieron

PACO: (Resoplando) Eso es el discurso de siempre, la tiranía del que quiere que los demás sufran para sentirse mejor. ¿Por qué tenemos que subir? Eso es lo que quiere el sistema, que nos dejemos la vida en el asfalto mientras otros comen con mantel. Propongo una moción de censura contra este puerto y que nos paremos en la sombra a decidir el menú.

FELIPE: (Mirando a las musarañas mientras pedalea sin esfuerzo) ¿Ya habéis terminado con la tontería? Es que escucharos hablar de política y de medicina mientras nos estamos asando me da más sueño que otra cosa. Seguid con vuestras chorradas, que yo voy a seguir subiendo, básicamente porque es la única forma de que dejéis de hablar un rato.

Se arrastran

BENITO: (Sin inmutarse) ¡Eso, Felipe, a lo tuyo! ¡A coronar! Paco, déjate de pancartas y dale a los pedales. ¡Aprende a sufrir!. Julián, no te calles, diles lo mal que están de salud para que sigan.

JULIÁN: Es que es obvio. El sedentarismo de Julio y el populismo de Paco están haciendo que sus arterias se cierren. Subir es lo único que os mantiene con vida, técnicamente hablando.

JULIO: (Con un grito que asusta a las cabras) ¡Que me importa un huevo mi salud, Julian!. Lo que quiero es un bocadillo de tortilla. Benito, si llego arriba y no hay un bar, te juro que te tiro la bicicleta al barranco y a ti detrás.

PACO: Eso es, vamos a ocupar la cuneta. O paramos ahora mismo o esto es una dictadura ciclista. ¡No pasarán!

FELIPE: (Con una sonrisa asesina) Pues yo he visto un bar a cien metros, pero como me caéis tan mal, no pienso decir dónde está. Seguid subiendo, que os queda una eternidad. Benito, tú sigue haciendo el ridículo, que me encanta verte sufrir.

BENITO: (Ya casi sin voz, con su puta sonrisita ) ¡La gloria es nuestra! ¡Son tres kilometros!

Benito sigue pedaleando como un loco. Julio está pegado al asfalto. Paco empieza a gritar consignas al aire y Julián ajusta sus gafas cual atleta de élite. Felipe los mira a todos desde su infinito.

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