La primera jornada ciclista (Vytina-Trípoli) se iniciaba con la fotografía de los pedalistas a las puertas del hotel y poniendo rumbo a Trípoli, capital de la región de Arcadia, y con ello despidiéndonos del área montaña y zambulléndonos por desfiladeros impactantes, por caminos (que no carreteras) serpenteantes y acotados por quebradas deslumbrantes.
En este trayecto, de a penas 50 kilómetros, se revelan dos pueblos medievales, Dimitsana y Stemnitsa, colgados de la montaña, la cueva de Kapsia y el monasterio de Loukós.
Cueva de Kapsia: estalactitas, estalagmitas y restos óseos de 50 personas
La cueva de Kapsia: entre huertos de manzanos y viñedos, se alza una construcción que abre las puertas a esta gruta, una de las más importantes de Grecia, visitable desde 2012. En ella, las estalactitas y las estalagmitas conforman un deslumbrante laberinto geológico esculpido pausadamente durante millones de años. En su interior, además de estas formaciones de piedra moldeadas gracias a las filtraciones del agua, se hallan restos óseos de 50 personas (incluidos bebés) sepultados por antiguas inundaciones repentinas y devastadoras, además de herramientas humanas y fragmentos de cerámica neolítica.

Como nota anecdótica: las estalactitas y las estalagmitas crecen un centímetro cada cien años.
Al llegar a Trípoli, nos alojamos en Palatino Rooms & apartaments.
La conquista de Esparta
Esa tarde, ya reunido el grupo, optamos por conquistar Esparta. Diez españoles, apretujados en una Opel Vivaro para 9 personas, recorrimos los casi 60 kilómetros de distancias armados con doris y xiphos para colocar la divisa rojigualda en lo alto de su acrópolis y honrar a los bravos de la batalla de las Termópilas.
Casi no llegamos (y no conquistamos). Cerraban a las 20.00 horas y nosotros nos colamos en el recinto 20 minutos antes, olvidando en la furgoneta la bandera y las espadas, pero sí nos recreamos con las piedras monumentales del teatro de mármol con capacidad para 16.000 espectadores, que data de siglo I antes de Cristo y construido por iniciativa del emperador Augusto.
En la parte alta de la colina, destacan el ágora, en la que se conservan los restos de una estoa romana (galería cubierta con pórticos), los restos del santuario de Atenea Chalkioikos (casa de bronce) y la basílica de San Nicolás (Osios Nikon).

Y, como colofón a la anexión frustrada, escalamos hasta Mystrás, ciudad medieval bizantina, ocupada hasta el siglo XIX. El castillo se alza sobre la cima del monte Taigeto, a 620 metros de altura. Su construcción se remonta a 1249. Se le consideraba inexpugnable a los asedios. Nosotros no lo intentamos. Estaba cerrado. En 1989, la Unesco declaró patrimonio de la humanidad a Mystrás, conocida como la ciudad fantasma.
Y de esta forma terminamos la tercera jornada de las peripecias de los Danubianos por Grecia. (Continuará)




