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El Palacar

27Oct

Pedroso de Acim, el pueblo más pequeño de Extremadura que esconde el monasterio más pequeño del mundo

En Extremadura de reojo by Almudena Villar Novillo / 27/10/2026 / Sin comentarios

Entre calles, plazas, caminos y un entorno natural excelso, una localidad cacereña de apenas 33 kilómetros cuadrados de superficie y 90 habitantes alberga la historia y la memoria del patrón de Extremadura, San Pedro de Alcántara. Este santo caminante y contemplativo eligió Pedroso de Acim para dejar su rastro de santidad y su espiritualidad basada en la pobreza, la oración y la austeridad fundando el monasterio más pequeño del mundo, El Palancar.

Seguramente, Pedroso de Acim no figura entre los destinos turísticos más destacados de Extremadura. Sin embargo, acoge vestigios históricos: restos de una calzada romana y monumentos megalíticos; además de grandes tesoros antropológicos como las huellas de la vida rural y las tradiciones. Todo ello en un contexto ambiental enmarcado entre la peña de los Cenizosos y los cerros del Pelado y Entrecabezas; laderas de olivares, dehesas de encinas y alcornoques, y el regadío del río Alagón.

01. Estatua de San Pedro de Alcantara en Pedroso de Acim. 02. El Palancar. 03. Plaza de Pedroso de Acim con la torre del reloj. 04 y 05. Puerta de acceso al convento. 06. Un árbol a la entrada del Palancar. 07. Torre del reloj // Fotos: Pepógrafo.

El Palancar, el monasterio más pequeño del mundo

Tal vez fue San Pedro de Alcántara la primera persona en descubrir las bondades y la belleza de Pedroso de Acim y, a lo mejor, por ello, fundó el 22 de mayo de 1557 el Convento de Nuestra Señora de la Concepción de El Palancar. El franciscano buscaba un espacio integrado en la naturaleza, que ofreciera paz, y alejado de las construcciones monumentales propias de la época.

En ese lugar, el patrón de Extremadura deseaba regresar al ideario de San Francisco de Asís, que se basaba en la renuncia de lo material, el retorno al silencio, a la penitencia, a la pobreza y a la naturaleza.

Así, en apenas 72 metros cuadrados, en el conventino se distribuyen celdas, refectorio y espacios comunes. Su destino era el recogimiento y la vida austera. La simplicidad de sus dependencias reflejaba la espiritualidad del franciscano y su renuncia a las comodidades materiales.

La construcción del edificio fue posible gracias al noble Rodrigo de Chaves y su esposa Francisca. Ambos donaron al santo una modesta propiedad rústica ubicada en la dehesa del Berrocal y la Fuente del Palancar. Pero de aportar el dinero para la edificación se encargó el conde de Torrejón.

En este cenobio vivió San Pedro de Alcántara, que medía 1,90 metros. Dormía sentado y «con la cabeza arrimada a un maderillo en la pared», según comentó Santa Teresa de Jesús, anécdota que recoge la Diputación de Cáceres. No obstante, la santa andariega no se sorprendería conociendo al fraile extremeño. Al parecer, su extremismo en la penitencia le llevó a perder el sentido del gusto, a pasar horas de rodilla y a apoyar la cabeza sobre un clavo cuando se sentía cansado. Casi no dormía y rezaba y meditaba las 24 horas del día.

Pasados los siglos, El Palancar se sometió a varias reformas de ampliación y desde 1771 funcionó como casa de retiro espiritual. Pero su peor momento se escribió durante las desamortizaciones del XIX.

Pedroso de Acim y la Casa de Alba

Pero el pasado de Pedroso de Acim no solo se ciñe al conventino. Durante centurias, el municipio extremeño se vinculó al marquesado de Coria y a la Casa de Alba y también protagonizó las transformaciones políticas y administrativas del XIX. Su fundación se remonta al siglo XIV gracias al asentamiento de unos carboneros, que explotaban el bosque.

Además, la localidad no siempre formó parte de la actual Extremadura vacía. Así, en el censo de 1842 se refiere de la existencia de 160 hogares y 876 vecinos frente al padrón de 2025, que registra 90 habitantes.

El patrimonio de Pedroso de Acim

Garbear por las calles de Pedroso de Acim entraña deambular por la memoria, la herencia y el acervo de sus pobladores. Pararse en la iglesia parroquial de Santa Marina (siglo XVI) supone toparse con un retablo de madera y pinturas atribuidas a la escuela de Luis de Morales.

Por su parte, los pilones y lavaderos públicos atestiguan la vida cotidiana. Eran lugares de trabajo, pero también de encuentro, de compartir preocupaciones y conversaciones.

La plaza, su fuente y la torre del reloj rematan los escenarios de la cotidianeidad de los lugares. Así como la Máquina del tío Fabián, el corral del concejo, la ermita de Santa Bárbara y la peña de los Cenizos.

Y, como colofón, el cielo de Pedroso de Acim. Al caer la noche, el firmamento se expande como un lienzo en el que las estrellas y las constelaciones titilan fascinando al observador. Así, cada verano la localidad cacereña se suma al programa Astroturismo de la Diputación de Cáceres.

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