Las buenas relaciones

Como dice que decía su abuelo, mi amigo Paco suelta la frase de: «Nieto, hay cosas que yo no tenía que haber conocido.

Estoy pululando por las redes cual, pez atontado, y me doy de bruces con unas imágenes cuyos protagonistas me resultan familiares. Presto la poca atención que puedo e identifico una ceremonia de boda: El oficiante laico se dirige a la laica y su pareja conminándoles a besarse, risas, aplausos y besos. La cámara hace un barrido entre los asistentes y allí, con chaqué, guapo y risueño, está él. ¿El marido?, sí. ¿Pero cómo está el marido entre los invitados si acaba de besar a la novia hace un segundo?. ¿Es ubicuo?. ¿Un doble?. No, es el exmarido. ¡Toma!, el ex más guapo que un San Luis en la boda de su ex.

A estas alturas, más de uno estará pensando en lo arcaico y viejuno que soy. Y puede que sea cierto, pero no me veo acudiendo a la boda de mi ex por muy civilizado que sea uno.

Pagafantas

Se me plantean diversos problemas que no sé cómo podría solventar. Si mi ex me aprecia tanto como para invitarme a su boda, imagino que me pediría consejo sobre la ceremonia, los invitados, el menú, ¿qué te parece el vestido?, ¿ponemos quesos o ahumados?. Y yo que no soy de piedra, por mucho que lo intente, se me pondría cara de gilipollas y algún malestar emocional aconsejándola sobre esos asuntos, a sabiendas que al final iba a quedar de pagafantas.

Hace años, cuando yo era «feliz e indocumentado», me enamore de Juana, «morena de altas torres, alta luz, altos ojos», quien tenía un novio murciano que le deba mala vida. Juana lloraba en mi hombro, me sacaba a bailar, me abrazaba y todo eso, mientras me contaba sus penas moras de amor con el murciano. Y yo, «con mi puñal como un gilipollas, madre», no le dije nunca que mandara a la mierda a Chema, que allí estaba yo para lo que quisiera mandar. El final de aquella historia terminó con la ruptura. Juana se largó con un holandés y a mí me regaló un beso y un mechero.

Nunca le reproché nada. Me quedé colgado y con un mechero. Desde entonces, las 10 o 12 veces que me han dejado, 12, nunca he vuelto a tener contacto con mis ex, bueno ellas conmigo. Decidí que, siendo yo poco civilizado, no podría verme con ella sin que me pusiera malo; así que lo mejor es cortar en seco.

Por eso, cuando vi el vídeo de la boda con los dos maridos, el nuevo y el viejo, sentí estupor, incomprensión, sorpresa y hasta envidia. Le dije a mi esposa: “Carmela, si te casas con otro, no me invites a la boda; no sabría que regalarte”. Y pensé: no estoy preparado para eso porque: «hay cosas que yo no tenía que haber conocido».

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2 comments

  1. Nuria de Espinosa
    28/04/2024 at 16:12 — Responder

    Jajajaja, que bueno. Un abrazo

    1. Pepógrafo
      28/04/2024 at 21:19 — Responder

      Gracias Nuria

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