Después de 24 horas, los Danubianos enfilaron rumbo al primer destino de la ruta, Vytina, localidad en la que el grupo se dividía: los hombres iniciaban su peripecia ciclista y las mujeres su odisea por carretera. Pero antes, parada obligada: el canal de Corinto. Una de las obras de ingeniería tallada en la roca más impresionante y fotografiada del mundo, que conecta el golfo de Corinto con el mar Egeo, separando la península del Peloponeso del resto de Grecia.



Las cifras del canal de Corinto
El canal en cifra: 80 metros de altura, 6,3 kilómetros de largo, 24,6 metros de ancho en la superficie y 21,3 metros en la base, y 8 metros de calado.
El canal en la historia: en el siglo VII antes de Cristo (ahora se dice antes de la era común, según la historiadora británica Mary Beard) Periandro pergeñó la idea. Posteriormente, Julio César y Calígula retomaron el plan, aunque en el año 67 después de Cristo, Nerón inició la obra, que se detuvo por su muerte. Los trabajos se retomaron a finales del siglo XIX gracias al éxito del Canal de Suez. Se inauguró en 1893 y se respetó el trazado diseñado por Nerón.
Después de darnos codazos para disfrutar del canal, llegamos a Vytina (el corazón montañoso de Arcadia) y al hotel Thea Mainalou, situado en plena naturaleza con bosques densos, aire puro y casas que destacan por su arquitectura de piedra negra y sus tiendas de productos artesanales.
Vytina, la puerta de entrada al Peloponeso
El pueblo es la puerta de entrada a la región de la Arcadia que destaca por su heterogeneidad: montañas majestuosas, pueblos medievales de piedra en las laderas de los montes y costas deslumbrantes. Vytina cuenta con 552 habitantes y una estación de esquí, además de hoteles y restaurantes coquetos y con encanto. Además, disfruta del sendero del amor, un paseo de árboles en el que los jóvenes suelen declararse, y de la iglesia de Agios Tryfon, construida en 1846 con mármol negro, que se extrae en la zona.


Y así acabó la segunda jornada del viaje. (Continuará).
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